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Psicología de la conciencia democrática

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“Por la verdad, mi partido político y mi familia”, ha dicho #KeikoFujimori, en nuestra cara, Franklin de mi corazón.   Tienes razón, son palabras que nacen de lo más hondo de su ser.   Para que esos tres elementos, se hagan conciencia tendrían que ir acompañados de inteligencia.   Eso es imposible, en una personalidad como los #Fujimori, porque la inteligencia la dona el pueblo.   Lo sabemos perfectamente, tú y yo, hermano mío.   Cuando en psicología hablamos de conciencia, hablamos de la combinación entre sentimientos e inteligencia.   ¿Qué significa esta combinación en Psicología de la democracia, estimado Franklin? Significa que la inteligencia es un proceso interno que se entiende en la interacción con el medio.   Es decir, en el contexto que nos toca vivir con otras personas en un tiempo determinado.   En las relaciones de la rutina diaria.    Es allí donde se resuelven los problemas elementales por conseguir: vivienda, alimen...

Del amor y otras decisiones, desde la Psicología.

Sólo observo sus miradas, como queriendo explicarme que la vida, en las cuestiones del amor, es más sencilla que la testarudez de una moral absurda, basada en grupos de poder, deseando controlar el más mínimo movimiento de todos.  Pero, la sabiduría del cerebro va más allá de unas normas consensuadas y manipuladas, sobre las decisiones personales del amor.  ¿Qué me quieren decir los jóvenes universitarios de lengua-literatura, informática, ciencias matemáticas e ingeniería civil? Me dicen que las decisiones personales son una cuestión de química cerebral, basada en algoritmos de cálculos matemáticos en nuestro sistema nervioso.  Al igual que el enamoramiento.  De no ser así, la psicología no tendría sentido.  ¿Cómo así? Desde que Liebowitz y Walsh nos dijeron que cuando se juntan cuatro elementos psicológicos entre dos personas, generando una energía de atracción intensa, nuestro cerebro comienza a segregar unas sustancias químicas, llamadas neurotransm...

Psicología del autocontrol, desde la #SeñoraK

Cuando nos enseñaron a controlar los esfínteres, pasó un tiempo prolongado de ensayos, para lograrlo.  Nos decían que pidiéramos ir al baño, siempre que necesitáramos. Teníamos que hacer esfuerzos para retener la incomodidad que sentíamos dentro de nosotros mismos, hasta decirle a alguien y nos lleve al baño y expulsar lo que nos molestaba interiormente.  Cuando estaban ocupados y nos hacían esperar un ratito más, nos esforzamos por aguantar otro tiempo añadido lo que nos molestaba.  A veces no podíamos más y lo expulsamos.  Sentíamos un gran alivio: el placer de expulsar algo que nos molesta.  Inmediatamente, el rostro molesto de las personas, que renegaban o nos cambiaban bruscamente de pantalones.  Nos sentíamos placenteramente aliviados y al mismo tiempo culpables.  Pero, aprendimos a controlar e ir al baño. Nuestro cerebro grabó ese proceso (algoritmo): placer-culpa-miedo .  Pero, ¿Qué tiene que ver esto con nuestra vida adulta, #Señor...

La desnudez psicológica de la religiosidad: El placer sexual.

Estoy observando tus ojos, estimado Martin, mientras me hablas de Dios, la muerte y la salvación.  Los tres elementos del bullying religioso que has recibido durante tu vida y la única alternativa, desde tu fe, para explorar el universo de tu intimidad, sexo y género.  Entonces, me sumerjo en los mitos, que la religiosidad ha puesto a tu alcance, intentando descifrar tus experiencias sexo genital.  Abro los ojos, lo más que puedo, como si a través de ellos estuviera escuchándote.  Sabiendo que ya no volveré a ser el mismo después de tus conclusiones: ¿Por qué nadie se pregunta sobre el deseo de Dios antes del fruto prohibido?, me preguntas como si fuera yo un experto de la teología.  Soy tu psicólogo, no tu pastor ni tu “director” espiritual.  Pero, tú respondes, como si yo fuera el que he preguntado esa barbaridad. Antes del fruto prohibido, él y ella vivían disfrutando del paraíso que Dios les regaló.  De la naturaleza.  Esto incluía el reg...

El relato de mi historia psicosexual

Hola Lucía.   Apenas 14 años y ya estás locamente enamorada de Alberto, un hombre que vale la pena a sus 25 años.   Estás ilusionada de verlo trabajar en su chacra, con el inmenso ganado que posee la familia.   Además, “letrado”.   Porque, Alberto viene de una universidad de Lima. Dos años de estudios superiores.   Él también está locamente enamorado de ti, estimada Lucía.    En el campo, la etapa de exploración relacional, propia de tu edad, es como descubrir el mundo de los afectos sin temor, en la comodidad que te da madurez de Alberto.   ¡Muy bien Lucía! Estoy mirando tus ojos, mientras relatas estos acontecimientos.   No dejas de reír con dulzura.   Tu pelo ondulado, lo imagino más grande y arrogante, cuando suceden los hechos que me estás contando.   Hasta que por fin, vuelvo a la escena de tu relato.     El matrimonio.   No te da tiempo de explorar más el mundo de las emociones y los afectos con lo m...

Psicología del enfoque de género

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Pensé que todo lo tenía claro, estimado Daniele, cuando me dijiste que el Alfa cuida de su manada, guiándola por caminos seguros.  Consigue alimentar a los suyos, para no dejarlos morir.  Además, tenía que cuidarse de mantener sus estatus de Alfa, porque en su misma manada, hay quienes desean arrebatarle ese lugar.  En mi mente está los cambios de modos de pensar que hemos tenido a lo largo de la historia.  Sobre todo, aquella vez cuando descubrimos la escritura.  Ese paso histórico, sin precedentes, fue toda una revolución, para organizar nuestra vida de otra manera, entre los que sabían leer y escribir con los analfabetos.  Hoy vivimos un cambio de magnitud parecida en nuestra manera de pensar y ver el mundo.  Entre los cibernautas que saben usar la red y los que no saben.  El Alfa se va transformando en el que nos guía, sin perder su esencia.  Por eso, me llama tanto la atención la definición que vas desvelando en tu relato, estimado ...

Psicología y bioética en el vientre de alquiler

Estimados Rosario y Jorge, después de la prisión preventiva y el susto que han pasado en Perú, me surge una extraña sensación de vacío, que va más allá de las leyes que los llevaron a esta situación.  Entiendo que cualquier mujer del mundo puede hacer uso de su autonomía y ofrecer, de manera altruista, su vientre, cumpliendo el deseo de una pareja imposibilitada de tener hijos, como ustedes. La autonomía, por encima de cualquier otro principio ético, no tendría ningún problema, si así se dan las condiciones.  Es un requisito ineludible en cualquier proceso para tal fin.  Hasta allí, todo es muy fácil de pensar y sentir.  Cuando el vientre ofrecido, se somete al alquiler y mediación comercial, entonces entra a tallar otros niveles psicológicos y bioéticos, que aún no están tomados en cuenta en las leyes masculinizadas del mercado, donde el dinero tiene el sexo del varón, dentro de las convenciones socio-culturales machistas, sintetizadas en el capitalismo, que tanto ...