Orden, miedo y democracia: claves psicológicas de la paz

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 Tengo que reconocer que el Perú decidió tener una presidenta.  Con serios incidentes en el proceso electoral, tan vulnerables como la democracia que tenemos en nuestro país.  Durante toda la campaña ofreció restablecer el orden.  Ahora, próxima ser proclamada presidenta, hace un llamado a la “paz y reconciliación”.  ¿Puede decirnos algo la psicología comunitaria ante ese llamado?  Por supuesto que sí.

Lo primero que se resalta es la asociación entre “restablecer el orden” y el llamado a la “paz y reconciliación”.  Parece un lenguaje religioso, pero en realidad se trata de una disonancia cognitiva: una contradicción entre lo que se piensa y la conducta que se realiza (Pinker, 2015).  ¿Desde qué momento se instauró la asociación mental entre “orden” y “paz”?  En realidad, nace del conflicto entre dos culturas: el imperio romano y la tradición hebrea-judía (Castillo, 2005; Pagola, 2014).

Cuando Roma invadía y se apropiaba de un territorio, empezaba una violencia sostenida.  Rodeaba el lugar, impedía el comercio y aislaba a sus habitantes hasta que el gobernador ofrecía la sumisión de su pueblo al César.  La norma era clara: obediencia al emperador y a los dioses romanos.  A cambio, se les permitía conservar sus propios cultos y se les aseguraba la pax romana bajo la tutela de los soldados (Castillo J. M., 2002).  Esa era la paz para Roma: silencio y obediencia ciega, sostenida por la psicología del miedo.

Para los judíos, antes de la invasión, la paz significaba liberación.  Celebraban la salida de la esclavitud de Egipto como acontecimiento religioso e histórico, transmitido de generación en generación.  La lucha por la libertad era su paz (Pagola, 2014).  Jesús radicalizó esa tradición: su diálogo siempre fue en clave de liberación, movilizando el coraje frente a la opresión.  Esa memoria se renovaba cada año en la pascua judía.

El conflicto entre ambas concepciones de paz llevó al imperio romano a una decisión política: tras perseguir y asesinar a cristianos, emitió el Edicto de Milán en el 313 d.C., llamando a la tolerancia.  Décadas después, el cristianismo se convirtió en religión oficial del imperio (Castillo J. M., 2005).  Muchos cristianos protestaron, pues consideraban que esa institucionalización traicionaba la paz liberadora de Moisés.  Algunos huyeron al desierto, convirtiéndose en eremitas y anacoretas, vistos como extravagantes y lunáticos, pero luego venerados como santos.

Los cristianos que permanecieron bajo Roma imitaron su organización vertical y monárquica, que aún conserva el catolicismo: patriarcal, jerárquico, con símbolos de poder y sumisión, incluso hasta en sus vestimentas rituales.  Así, la paz que predicaban quedó dividida: una paz institucional semejante a la romana y otra, la de Cristo, relegada a la ayuda de los pobres como acto de su fracaso disfrazado de humildad (Brădăţan, 2025, pág. 53) un supuesto ejercicio de su libertad.  En psicología social, esto se denomina disonancia cognitiva (Pinker, 2015).

El Perú de hoy está dividido entre esos paradigmas mentales sobre la paz social: una que paraliza por el miedo, con armas en mano para mantener el “orden” y otra que moviliza hacia la libertad, que impulsa el ejercicio democrático.

La psicología social nos recuerda que la cultura de paz no es ausencia de conflicto, sino el manejo constructivo de los inevitables conflictos (Laca Arocena, 2006; Pinker, 2015; Sapolsky, 2019).  La tarea es inmensa y requiere el esfuerzo conjunto de todas las disciplinas científicas.

Pero no basta con reconocerlo: necesitamos asumir que la paz no puede ser reducida a un silencio impuesto ni a un orden sostenido por el miedo.  La paz es acción liberadora, es participación ciudadana, es el coraje para transformar la democracia en un espacio vivo y no en una vitrina vacía, nos lo dicen los pueblos del sur y el centro de nuestro país.

El Perú, no puede resignarse a una paz que paraliza; debe abrazar la paz que moviliza, que nos convoca a la dignidad y a la justicia (Laca Arocena, 2008).  La cultura de paz exige que cada ciudadano se convierta en protagonista de reconciliación, no como sumisión, sino como ejercicio de libertad.

La historia nos enseña que toda paz auténtica nace de la resistencia frente a la opresión.  Hoy, nuestra tarea es continuar esa memoria en los mártires de la democracia de estos últimos años; que no se vea como un fracaso desesperanzador sino como un llamado a la humildad (Brădăţan, 2025; Pinker, 2026) que necesita salir del fracaso como nación, construir un país donde la paz no sea el disfraz del poder, sino el fruto de la democracia que se defiende y se reinventa cada día.

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Brădăţan, C. (2025). El elogio del fracaso: Cuatro lecciones de humildad. Barcelona: ANAGRAMA. doi:978-84-339-4733-8

Castillo, J. M. (2002). El Reino de Dios. Por la vida y la dignnidad de los seres humanos. Bilbao: Desclée De Brouwer.

Castillo, J. M. (2005). La ética de Cristo. Bilbao: Desclée De Brower.

Laca Arocena, F. A. (2006). Cultura de paz y psicología del Conflicto. Estudio de las culturas contemporáneas, 55-70.

Laca Arocena, F. A. (2008). Comunicación en conflictos interculturales. Acta Universitaria, 5-14.

Pagola, J. A. (2014). Jesús, aproximación histórica. Madrid: PPC.

Pinker, S. (2015). Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicancias. Barcelona: Paidós.

Pinker, S. (2026). Cuando todos saben que todos lo saben. El conocimiento común y la ciencia de la armonía, la hipocrecía y la indignación. (P. H. Lazcano, Trad.) Barcelona: Paidós. doi:978-84-493-4510-4

Sapolsky, R. M. (2019). Compórtate. La biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos. (Primera ed.). (Titivillus, Ed.) Epu Libre.

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