Orden, miedo y democracia: claves psicológicas de la paz
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| fotografía de Randu |
Lo primero que se
resalta es la asociación entre “restablecer el orden” y el llamado a la “paz y
reconciliación”. Parece un lenguaje
religioso, pero en realidad se trata de una disonancia cognitiva: una contradicción
entre lo que se piensa y la conducta que se realiza
Cuando Roma invadía
y se apropiaba de un territorio, empezaba una violencia sostenida. Rodeaba el lugar, impedía el comercio y
aislaba a sus habitantes hasta que el gobernador ofrecía la sumisión de su
pueblo al César. La norma era clara:
obediencia al emperador y a los dioses romanos.
A cambio, se les permitía conservar sus propios cultos y se les
aseguraba la pax romana bajo la tutela de los soldados
Para los judíos,
antes de la invasión, la paz significaba liberación. Celebraban la salida de la esclavitud de
Egipto como acontecimiento religioso e histórico, transmitido de generación en
generación. La lucha por la libertad era
su paz
El conflicto entre ambas concepciones de paz llevó al
imperio romano a una decisión política: tras perseguir y asesinar a cristianos,
emitió el Edicto de Milán en el 313 d.C., llamando a la tolerancia. Décadas después, el cristianismo se convirtió
en religión oficial del imperio
Los cristianos que permanecieron bajo Roma imitaron su
organización vertical y monárquica, que aún conserva el catolicismo: patriarcal,
jerárquico, con símbolos de poder y sumisión, incluso hasta en sus vestimentas
rituales. Así, la paz que predicaban
quedó dividida: una paz institucional semejante a la romana y otra, la de
Cristo, relegada a la ayuda de los pobres como acto de su fracaso disfrazado de
humildad
El Perú de hoy está dividido entre esos paradigmas mentales
sobre la paz social: una que paraliza por el miedo, con armas en mano para
mantener el “orden” y otra que moviliza hacia la libertad, que impulsa el
ejercicio democrático.
La psicología social nos recuerda que la cultura de paz no
es ausencia de conflicto, sino el manejo constructivo de los inevitables
conflictos
Pero no basta con reconocerlo: necesitamos asumir que la paz
no puede ser reducida a un silencio impuesto ni a un orden sostenido por el
miedo. La paz es acción liberadora, es
participación ciudadana, es el coraje para transformar la democracia en un espacio
vivo y no en una vitrina vacía, nos lo dicen los pueblos del sur y el centro de
nuestro país.
El Perú, no puede resignarse a una paz que paraliza; debe
abrazar la paz que moviliza, que nos convoca a la dignidad y a la justicia
La historia nos enseña que toda paz auténtica nace de la
resistencia frente a la opresión. Hoy,
nuestra tarea es continuar esa memoria en los mártires de la democracia de
estos últimos años; que no se vea como un fracaso desesperanzador sino como un
llamado a la humildad
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