Catarsis de un PNP: entre el deber y el trauma

Pintura de Luizinho
 1:00 p.m.  Ella salió de la universidad y se dirigió hacia el auto que la esperaba.  A mitad del camino fueron interceptados por dos motos y un vehículo rojo.  Así comenzó el secuestro.  Minutos después, aquel auto fue incendiado en las afueras de la ciudad.  El coronel recibió la noticia por teléfono, suspendió sus reuniones y llamó a su agente Luis, quien en ese momento custodiaba a un empresario importante.  Luis, sin dudar, se puso a órdenes del coronel y activó a su equipo, mientras él continuaba con la protección del empresario.  El grupo se dirigió al lugar del incendio para obtener información…

Mientras escucho a Luis no puedo dejar de pensar en otro operativo que me había contado: una intervención contra la extorsión.  La víctima debía entregar el dinero en un centro comercial para atrapar a los delincuentes.  El equipo estaba disperso, encubierto.  Cuando la entrega se concretaba, uno de los cómplices, “campana” descubrió la redada y disparó contra la mampara del local.  Luis reaccionó: disparó contra el delincuente que recibía el dinero, protegiendo a su colega que estaba cara a cara con él.  El impacto en la nalga derecha lo derribó.  La policía de civil lo redujo y halló un arma escondida en su bolsillo.  Mientras tanto, otro delincuente huía, dejando rastros de sangre.  Pienso en los mil doscientos cincuenta y ocho denuncias por extorsión en dos últimos meses en mi país, que suman a lo que va en el acumulado del año (Tv Perú Noticias, 2026). Estos números no son sólo estadísticas: son el reflejo de un país donde la violencia se normaliza y la desigualdad se perpetúa.

2:35 p.m. El equipo de Luis encontró un vídeo de una cámara cercana al incendio.  Se veía a un sujeto huyendo hacia una moto, pero el rostro era irreconocible.  Al llegar a la vivienda, Luis se sorprendió: el dueño de la cámara era “El Chato”, su informante.  Nervioso, el hombre le ofreció la grabación y le reveló un dato clave: el secuestro lo había ejecutado “El Moreno”.  Con recelo, aceptó guiar a los policías hacia su casa…

6:00 p.m. El equipo, acompañado por la fiscal, ingresó a la vivienda de “El Moreno”.  No lo hallaron, pero incautaron armas y explosivos, deteniendo a los adultos presentes.  La pista los llevó a la casa de su sobrina, Lorena, en una urbanización acomodada. Allí lo capturaron.  Lo interrogaron en la playa, buscando desesperadamente información para rescatar a la víctima. Nada.  El silencio del delincuente era un muro infranqueable.  Lo trasladaron a la comisaría, donde un efectivo del equipo lo reconoció como su informante.  Ese vínculo inesperado abrió la puerta: “El Moreno” confesó que la víctima estaba retenida en un asentamiento humano, lejos de la ciudad… Pienso en las fachadas lujosas de los ricos que esconden crímenes atroces en mi país, donde el 01% más rico de la población concentra alrededor del 22% del ingreso total.

11:30 p.m. El coronel, presionado por amenazas de la organización “Los Pulpos”, soportaba el peso del miedo y la exposición mediática.  Luis, en cambio, mantenía la calma profesional, aunque yo podía imaginar el recorrido del cortisol en su cuerpo, esa hormona que nos prepara para el riesgo extremo (Sapolsky, 2019).  Escucharlo era sentir la intensidad del trauma del tiempo (Chabot, 2023) y la necesidad de regular la contratransferencia para seguir acompañando su relato…

3:30 a.m. El operativo final se desplegó con helicóptero y diez efectivos.  En una choza abandonada hallaron a la víctima: atada de pies y manos, con un trapo negro en la boca, mirada despavorida.  La liberaron y trasladaron a la ambulancia.  Dos años después, Luis recibió un reconocimiento junto a noventa personas que jamás estuvieron allí.  Su sonrisa irónica reflejaba la paradoja de la justicia y el valor invisible de quienes realmente arriesgan la vida.  Pienso en el silencio que queda después de este final.  No lo interrumpo.  Dejo que fluya, porque necesitamos que la poesía sea más grande (Toscana, 2026), que interrumpa las tinieblas que vive nuestro país en este momento.  La literatura ilumina la experiencia desgarradora de la policía, porque esta catarsis no es solo la historia de un rescate, sino el espejo de un país que necesita justicia, memoria y dignidad.

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Chabot, P. (2023). Tener tiempo. Ensayo de cronosofía. Madrid: Alianza editorial.

Sapolsky, R. M. (2019). Compórtate. La biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos. (Primera ed.). (Titivillus, Ed.) Epu Libre.

Toscana, D. (2026). El ejército ciego. Barcelona: Penguin Random House.

Tv Perú Noticias. (julio de 2026). youtube. Obtenido de youtube.com: https://www.youtube.com/watch?v=zcD1KyvnzDE

 

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