Cuando el fracaso se convierte en esperanza: Conversatorio sobre el suicidio

15/09/2026. UNP. Escuela de psicología
 Estaban todos ustedes presentes, a quienes aprecio inmensamente.  Sentí tristeza al verlos parados al fondo, porque el local resultó pequeño.  Primer fracaso.  Luego, el tiempo que teníamos para dialogar entre colegas fue insuficiente: no pude expresar todo lo que llevaba en el alma.  Segundo fracaso.  La pasión por la psicología y el diálogo abierto sobre un tema tan complejo nos atrapó en los límites del tiempo, impidiendo pronunciar todo lo que queríamos compartir.  Tercer fracaso.  Finalmente, hablamos del suicidio desde nuestras propias limitaciones profesionales y científicas.  Cuarto fracaso.  Y, sin embargo, considero este encuentro un éxito: nació de la herida del fracaso, de lo poco que dijimos y de lo mucho que quedó por decir.

Quedó claro que el diagnóstico, a través de los signos y síntomas del suicidio, fue el eje de nuestra reflexión.  Quizá sea un mecanismo de defensa en la psicología: ahorrar tiempo y centrarnos en técnicas de prevención.  Pero el diagnóstico, entendido como lo hace la medicina, puede ser dañino.  En psicología, en cambio, puede funcionar como herramienta cognitiva para sacar lo mejor de la personas.  Por ello el diagnóstico, como fracaso del cuerpo o de la mente, es una herramienta positiva para sacar lo mejor de sí misma desde la patología diagnosticada.  Así lo ve la psicología.  El mito que debemos desterrar es creer que la persona diagnosticada va camino a su curación.  Descubrirlo nos acerca, más bien, a lo más humano: la herida emocional.  Allí radica el verdadero fracaso, y también la posibilidad de salir adelante.   

Las estadísticas del Perú resultan engañosas. Son un fracaso.  Figuramos como el país con menos suicidios en América Latina (1.5 por cada mil habitantes), muy por debajo de Uruguay (21.3), Chile (10.3), Argentina (11.8), Brasil – Ecuador (8.0), Colombia (5.0) (Región Sudamericana de Salud, 2025).  ¿Somos acaso el país del bienestar total?  Nada de eso.  Como psicólogos sabemos que algo anda mal con esas cifras: el suicidio está estigmatizado, y los profesional de salud reportan cifras engañosas.  Esto impide diseñar estrategias adecuadas de salud mental.  Primer reto para la psicología peruana: combatir esos sesos cognitivos sobre la data del suicidio. 

Psicológicamente, la persona que se suicida no es un fracasado que se rinde. No.  Mil veces no.  Muere luchando contra un sufrimiento que percibe como enemigo.  El cerebro humano, como el de cualquier otro animal, funciona bajo el principio de lucha y huida (Sapolsky, 2019).  Jamás bajo la consigna de la autoaniquilación.  La persona suicida pide ayuda de mil maneras, busca sobrevivir, y en esa lucha encuentra a veces la muerte que no buscaba.  Muere en combate contra el dolor físico o psicológico.  Allí debemos centrar nuestra intervención: en la lucha psicológica que sostiene hasta el final.

La psicología del fracaso puede ayudarnos a salir adelante.  Si lo vemos como derrota agotadora, nos consume.  Pero si lo entendemos como mecanismo que nos impulsa a levantarnos, se convierte en fuerza vital.  Así lo sugiere la película animada de James Gunn y Chris McKay (2026): “El coyote vs Acme”, inspirada en el mito de Sísifo: la lucha constante, aun en la caída, abre caminos de prevención y acompañamiento.

Nuestra especie es heredera del fracaso.  Psicológicamente somos indigentes: dependemos unos de otros.  Es nuestra estructura psíquica.  El mito del éxito individual, basado en el esfuerzo personal, es engañosa.  Nos expone al sufrimiento y nos hace tropezar una y otra vez.  Gandhi fracasó en lograr la independencia total de la India, pero su derrota abrió el camino de liberación.  Martin Luther King no logró erradicar el clasismo en Estados Unidos, pero inspiró leyes que aún sostienen la lucha por la igualdad (Brădăţan, 2025).  Lutero fracasó en su intento de una fe basada en el sentimiento, pero su derrota dio origen a movimiento que integraron razón y emoción.  De ahí nació el psicoanálisis.  Todos ellos abrazaron su fracaso, y desde allí alumbraron esperanza.

La historia del ejército búlgaro derrotado por Basilio II es quizá el ejemplo más brutal del fracaso.  El zar murió de infarto al ver llegar a su ejercito derrotado y sin ojos.  Su hijo, el sucesor, no tuvo mejor idea que prohibir la ceguera como si fuera etiqueta diagnóstica.  Toscana (2026) se encarga de narrar bellamente la psicología de la ceguera de esos soldados fracasados.  El nuevo zar los envía a la guerra, convencido que desaparecerían de su país.  Los soldados ciegos obedecen y abrazaron su oscuridad marchando jubilosos hacia la muerte.  Concluye Toscana: “Un hombre no es donde nace en un instante; es donde muere para siempre”.  Ese fracaso, transformado en relato, nos recuerda que la lucha y la huida son principios de supervivencia que debemos sumar a las ciencias de la salud para prevenir y tratar el suicidio.

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Brădăţan, C. (2025). El elogio del fracaso: Cuatro lecciones de humildad. Barcelona: ANAGRAMA. doi:978-84-339-4733-8

Región Sudamericana de Salud. (26 de junio de 2025). DATAPAIS. Obtenido de datapais.com: https://www.datapais.com/cual-es-la-tasa-de-suicidios-en-sudamerica/

Sapolsky, R. M. (2019). Compórtate. La biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos. (Primera ed.). (Titivillus, Ed.) Epu Libre.

Toscana, D. (2026). El ejército ciego. Barcelona: Penguin Random House.

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