Adolescencia: La biología del amor en construcción

Fotografía de Edilson Morales, 2026
La adolescencia es el ciclo vital donde se pueden observar mejor los cambios evolutivos del ser humano.  Además, se constituye en la mejor etapa de la vida para lograr aprendizajes que será el eje fundamental en los siguientes ciclos vitales. 

A esta etapa de la vida se le suele entender como la etapa más temida (Di Segni, 2013), por una serie de prejuicios respecto al desarrollo del pensamiento abstracto, como lo demuestra Piaget.  Uno de esos prejuicios es que son rebeldes, impulsivos, contestatarios etc.  Todo lo cuestionan.  Sin embargo, es el ciclo vital más propicio para los sistemas educativos, donde los aprendizajes fluyen con mayor rapidez y efectividad. 

La adolescencia es la mejor etapa para aprender, porque el cerebro se abre a nuevas posibilidades


CAMBIOS INTERNOS Y PENSAMIENTO ABSTRACTO

No son sólo los cambios físicos evidentes, los que producen contradicciones en el paso de la niñez a la adolescencia, como nos lo demuestra la literatura sobre esta etapa de la vida (Bronfenbrenner, 1987; Hurlock, 2017; Papalia, Diane E. - Martonell, Gabriela, 2021). Lo que la psicopedagogía debería observar son los cambios internos, no evidentes, de los adolescentes para potenciar las bondades de este ciclo vital.

El adolescente aprende a pensar con otros, y en ese espejo descubre su propio mundo interior

 

Vínculos de amistad y socialización

Cuando Piaget nos habla del paso del pensamiento concreto al abstracto, apuntala nuestra atención a un cambio interno copernicano en la evolución del ser humano.  Es la capacidad que tiene el cerebro de leer a otros cerebros con los que interactúa.  En la teoría del pensamiento se le denomina mentalización (Dunbar, 2023).  Esta capacidad se forma con gran fuerza a partir de la adolescencia.  ¿Qué significa esto para la psicopedagogía?

Los vínculos de amistad son muy fuertes en el adolescente.  Tan fuertes que uno puede adivinar el pensamiento del otro, porque se conocen hasta el extremo.  A esto se le denomina el fenómeno de mentalización, en la psicología.  Puede adivinar lo que el amigo o amiga, está pensando (Pinker, 2026), de tal manera que todo tipo de lenguaje genera comunicación entre adolescentes y se convierte en conocimiento excluyente de los otros ciclos vitales.  Por ello, la madurez en el pensamiento abstracto, según los estudios de Piaget es la base de esta capacidad cognitiva.

Lo simbólico, el lenguaje verbal y no verbal, juega un rol importante que debe ser explotados por las ciencias de la educación, para lograr efectos de aprendizaje con mayor velocidad y eficacia. 

Los vínculos de amistad son muy poderosos en esta etapa de la vida. Por ello, la familia del adolescente poco puede hacer en la influencia que tenga sobre ellos.  La familia sólo forma un 10% la personalidad del adolescente (Pinker, 2015).  El resto de porcentaje se da entre los vínculos de iguales.  Es otra dimensión que la psicoeducación tiene que poner atención para mejorar el aprendizaje del adolescente. 


La psicología de abandonar la casa, por emplear una expresión poética, se da en esta etapa de la vida. No sólo a nivel físico, sino también romper con los paradigmas de la familia, que fue su circulo más cercano, o próximo distal, como diría Vigotsky y Bronfenbrenner (1987).  Es decir, el contexto más cercano con el que contaba en la niñez se abre a otra dimensión más grande, a través de los vínculos más fuertes de la amistad.

El adolescente es un corazón que piensa y una razón que siente.


Poda sináptica y plasticidad neuronal

¿Cómo se explica esta crisis de abandono de paradigmas familiares hacia otro modo de ver la vida, desde lo que pasa dentro del adolescente?

La poda sináptica es un proceso neuropsicológico que consiste en descartar lo que ya está aprendido, para dejar espacio a nuevos aprendizajes.   Esto se da de una manera muy intensa y rápida en el adolescente. 

El punto de partida neuropsicológico es que la parte del cerebro que tarda en madurar es el lóbulo frontal (Sapolsky, 2019), la parte que está en la parte delantera de la cabeza, por decirlo de una manera más sencilla. Cuando se dice la palabra “madurar”, se está hablando en términos de sinapsis, mielinización y metabolismo, que lo hemos hablado en los capítulos anteriores. Todos ellos, son los componentes que participan en el ejercicio del aprendizaje en los seres humanos.

Pintura de Luizinho Timoteo.

Esta poda sináptica y plasticidad neuronal (Sapolsky R., 2008) trabajan intensamente.  Como sabemos, la plasticidad neuronal son las nuevas conexiones sinápticas que se dan el en sistema nervioso para favorecer nuevos aprendizajes. Sin embargo, la lentitud con que se desarrolla la parte frontal del cerebro es impresionantemente contradictoria con la zona límbica, de las emociones, porque avanza a una velocidad triplicada.  De ahí que un adolescente es profundamente afectivo, emocional y exageradamente cariñoso con los suyos y los amigos.  Sin embargo, tiene muchos momentos de soledad, en lo que le gusta disfrutar estar solo o tener privacidad, por largos periodos de tiempo.  Porque la zona frontotemporal (la parte frontal de cerebro), como lo dijimos en los capítulos anteriores, es donde se toman las decisiones.  Por eso, tarda mucho en madurar biológicamente, hasta aproximadamente terminando la adolescencia, en la etapa de la vida adulta.

Este conflicto interno entre las emociones y la razón, se van a ver exteriorizados en el adolescente.  Por ejemplo, tendrán comportamientos impulsivos, nos dice Sapolsky (2019), no tendrá ninguna lógica racional en el adolescente.  Ni él mismo se va a entender por qué actúa de manera impulsiva algunas veces.  Entre la poda sináptica y la plasticidad neuronal con la maduración frontotemporal, llevan ritmos diferentes que se expresan en su comportamiento, manera de razonar y percibir la vida.  El cerebro que está hecho para luchar y huir, como dinámica evolutiva biológica, intentará dar respuestas rápidas a las interrogantes y experiencias nuevas de la vida, en el adolescente. 

Por ello, las decisiones del adolescente son muy cambiantes.  Porque están profundamente afectadas por sus emociones, sistema límbico, pero también ensayadas en su razonamiento abstracto, en la toma de decisiones más pausadas de la parte frontotemporal.  Muchas veces el cerebro toma decisiones en el ser humano, antes que él mismo tome conciencia de ello (Sapolsky R. M., 2023).   El cerebro del adolescente va a vivir esta constante contradicción. Por eso, el libre albedrío tendría que entrar en un nuevo esquema de entrenamiento pedagógico, dado los avances de las neurociencias, así como tendría que valorarse la limpieza mental de algunos sesgos cognitivos (Kahneman, 2019), errores de pensamiento que se forman en la niñez para liberarlos de sus procesos cognitivos basados en las emociones y fortalecer su razonamiento.  ¿Qué pasa en la psicología del adolescente con todos estos cambios?

 

Exploración como rasgo central

Debido a la plasticidad neuronal, la etapa de la adolescencia se caracteriza fundamentalmente por la exploración.  Algo que debe explotarse en las ciencias de la educación.  Cuando en psicología se habla de exploración, se refiere a tres dimensiones: fantasías, preocupación psicosexual y exploración relacional (Papalia, Diane E. - Martonell, Gabriela, 2021; Croks, Robert - Bauer, Karla, 2010; Hite, 2001). 

La fantasía, a diferencia del ciclo vital de la infancia con las inferencias desacopladas de la realidad, explora el modo en que los adolescentes se ven de adultos: defiende sus ideales: el amor, la justicia, la amistad, etc., como elementos fundamentales en su vida.  Por ello explora un mundo nuevo a través de grupos de amigos en el deporte, voluntariados u otros grupos de bien social o político.  También explora sus relaciones humanas a nivel sexual, va pensando en la mujer u hombre de su vida.  El tipo de persona que le gustaría compartir su vida, su cuerpo, emociones.  La pornografía, en los varones, es un reforzador de este nivel de exploración.  Las novelas románticas lo serán, con mayor frecuencia, en las mujeres.  Sus conversaciones tendrán alto contenido de fantasía sexual y erótica.  Incomprensible para los adultos, hasta lo pueden percibir de manera ofensiva. Ellos hablan de sus fantasías como vivencias realizadas.  Gracias a este tipo de exploración, de la fantasía, el adulto puede escoger su carrera profesional y su estilo de vida en pareja.  Esta capacidad fantasear no se detiene en el resto de las otras etapas de la vida, jamás.   Por ello el adolescente, pasa mucho tiempo ensimismado, como retraído en otro mundo: escuchando música mucho tiempo o mirando al vacío, perdido en sus pensamientos.  Algo básico, para la creatividad en el aprendizaje.  Por ello, la necesidad de respetar esos espacios de privacidad.

La exploración que se manifiesta en preocupación psicosexual se da en el mundo de la aceptación de los pares.   Necesitan explorar la fidelidad entre amigos, amigas.  Por ello, los ritos de iniciación son muy importantes: la primera borrachera, los quinceañeros, etc.  Es muy importante, para sus relaciones, explorar estos ritos de iniciación.  Muchos de esos ritos no se volverán a practicar más hasta la adultez.  Algo que tiene que reforzar la pedagogía.  Pero tienen que darse, para ser aceptados por el grupo.  Además, de los elementos de la moda, que reforzará su autoestima (Papalia, Diane E. - Martonell, Gabriela, 2021).  Es tan importante tener algo a la moda, aunque para los adultos sea espantoso, pero necesario como integración para sus amigos y amigas.  Esto es clave para elaborar herramientas psicopedagógicas que capten su atención y generar conocimiento y nuevos aprendizajes en el adolescente.  Limitarse, o no tener algo a la moda, repercute grandemente en su autoconcepto (Hurlock, 2017) y es fuente generadora de depresión en el adolescente. 

La exploración relacional, tiene que ver con la mentalización de lo que hablamos al comienzo de este ciclo vital.  El adolescente explora contando secretos a sus amigos.  Practican la intimidad, como capacidad psicológica de autodescubrimiento mutuo.  Entre ellos y ellas comparten sus vivencias, en las que ningún adulto entra.  Ni sus propios padres.  Hablan de su espermarquia, la primera vez que eyaculan, y menarquia, la primera vez que menstrúan.  De sus enamorados y enamoradas, que muchas veces no duran más de un mes.  Juegan con los abrazos físicos constantes, porque se están explorando.  Algo que Piaget denomina la experiencia sensoriomotora en los ciclos vitales anteriores.  En esta etapa la experiencia sensorial se da en los abrazos entre hombres, entre mujeres, mujeres y hombres.  Besarse en la boca, con el juego de la botella borracha, es una de sus expresiones de esta dimensión.  Su primer amor es totalmente de exploración, aunque estén convencidos que son el amor de su vida.  Por ello, los adolescentes no deberían tomar decisiones de vivir en pareja formalmente.  Porque a este nivel no podemos hablar de afectividad madura, sino puramente de exploración.  Incluso suelen tener sexo.  En Perú, la actividad sexo genital se inicia desde los 12 años, aproximadamente.  La importancia de la educación sexual es prioridad en todo sistema educativo.  Cuando esta se asocia a su impulsividad y la falta de control de la razón, si la educación no ha sabido apoyar este nivel de exploración, suelen cometer errores que marcaran su existencia, sin ellos darse cuenta de las consecuencias, por lo antes mencionado.  En cambio, cuando se les ha permitido explorar, de manera segura, sus relaciones adultas estarán mejor enmarcadas en una vida psicológicamente estables.

Explorar es aprender a vivir


Autoerotismo, salud y educación. 

Es necesario hablar del autoerotismo, o masturbación, como mecanismo de autoexploración compulsiva que se da en la adolescencia.  Por contextos históricos diferentes al nuestro.  Las ciencias de la salud y las ciencias sociales se encargaron de demonizar esta dimensión de crecimiento personal en la adolescencia.  Al punto que la medicina llegó a decir que esta práctica debilitaba el cuerpo y la mente de forma irreversible (Di Segni, 2013). Igual decía la psicología.  Se inventaron medicamentos para tal fin. Incluso aparatos tecnológicos para evitar que los adolescentes y adultos practicaran la masturbación.  La religión no hizo más que confirmar los “hallazgos” de las ciencias médicas en tal sentido, dando una serie de pautas normativas para liberar de culpabilidad a quienes lo practicaban, asociándolas con el diablo.  La pedagogía negra (Di Segni, 2013), experimentada y propuesta por el pedagogo alemán Schreber (1842-1911), practicó el sometimiento de sus hijos a métodos educativos autoritarios.  En plena adultez de su vida terminó internado en un psiquiátrico y el daño que hizo a sus propios hijos fue irreparable. 

Hoy sabemos que la masturbación es una práctica saludable biológica y psicológicamente, desde los estudios evolutivos de las ciencias de la salud.  Es una practica compulsiva en los adolescentes, puesto que, entre la poda sináptica y la plasticidad neuronal en su ciclo vital, crea una serie de contradicciones en su comportamiento que ni ellos mismos pueden controlar (Sapolsky R. M., 2019).  El estrés agudo que vive el adolescente, por los constantes cambios hormonales y la falta de equilibrio entre el desarrollo de sus emociones y la parte frontal de su cerebro, hace que la masturbación le de una sensación de alivio rápido, por la dopamina que libera el placer sexual, a toda la carga que de impulsividad que trae consigo.  Una práctica que acompañará al ser humano el resto de sus vidas, como medio de autoconocimiento personal, que le permitirá crecer en cada ciclo vital de su existencia.

El cuerpo adolescente se explora para conocerse, no para condenarse


Desarrollo moral

En la misma línea de Piaget, Kohlberg trabajó esta dimensión en los humanos.  A partir de sus investigaciones sabemos que el cerebro pasa por un proceso sistemático en el pensamiento moral: sensibilización, alternativas de respuestas, escoger una respuesta y finalmente, ejecutar la respuesta (Kohlberg, 1992).  Este proceso sistemático se da en cualquier etapa del ciclo vital en que se encuentre el ser humano.  Por ello, la importancia de conocerlo, para aplicarlo también como herramienta psicopedagógica (Kohlberg, Lawrence, Power, F. C. y Higgins, A., 2002).

Sensibilización.  Cuando se presenta un problema, o un dilema, que tenemos que resolver, el cerebro intenta conocer bien de lo que se trata.  En cuestión de segundos.  Hace un repaso de sus conexiones neuronales para saber si puede interpretar lo que está sucediendo.  Se conecta con experiencias pasadas.  Asocia conocimientos y experiencias, en cuestión de segundos.  Recordemos que, según la psicología evolutiva, el cerebro está hecho para la lucha-huida.  Por eso, lo primero que hace ante cualquier dilema que se presente en la vida es sensibilizarse.  Por ejemplo, ver un trozo de sandía en la mesa y tener ganas de comerlo.

Alternativas de respuesta.  En cuestión de segundos, revisa su base de datos cerebrales, para tantear algunas soluciones posibles.  Da explicación a lo que puede estar sucediendo y las posibles salidas que tiene cada dilema.  Es un ejercicio automático de conexiones cerebrales, que sirven para enfrentar el dilema y solucionarlo.  Por ejemplo, piensa que ese trozo de sandía debe haberlo cortado alguien, para comerlo en unos instantes.  O tal vez, lo cortó uno de sus familiares para quien quiera comerlo.  O alguien lo dejó allí para hacer algún postre con ello.

Escoger una respuesta.  Seguidamente, escoge por descarte una solución.  En cuestión de segundos.  Dado que ha revisado sus conexiones neuronales, puede dar con mayor certeza la solución a algo, porque ha recorrido varias alternativas en su pensamiento.  El razonamiento lógico indicará cuál es la respuesta correcta.  Por ejemplo, el trozo de sandía lo partió un familiar, para quien quiera comerlo, de lo contrario no estaría allí en la mesa.

Ejecutar la respuesta.  Finalmente, el cerebro indica el comportamiento a la respuesta elegida para solucionar el dilema.  También lo hace en cuestión de segundos.  Por ejemplo, come el trozo de sandía que estaba en la mesa.

Cuando en la psicopedagogía no se sigue ese proceso en la toma de decisiones, hay serios problemas para procesar la información y moderar el comportamiento.  Es decir, cuando se pasa de la sensibilización a la ejecución de respuesta, para hacerlo rápido y lograr los objetivos pedagógicos, está obstruyendo el proceso natural del cerebro para moderar el comportamiento y entrenar la parte frontal del cerebro, porque omite dos de sus fases naturales.  Ejemplo, ve el trozo de sandía y se lo come, porque le dieron ganas de comer, sin importar si alguien lo partió para recogerlo después, ni nada por el estilo.  No siente la menor culpa de hacerlo, si llega a ser descubierto.  Su cerebro ha sido frustrado constantemente el entrenamiento perverso de su proceso natural en la toma de decisiones.  En otras palabras, se está entrenando para ser irrespetuoso o un delincuente, sin sentirse culpable de nada, ni asumir responsabilidad alguna.  La violencia suele caracterizar el comportamiento (Pinker, 2015; Sapolsky R. M., 2019), cuando el cerebro ha sido interrumpido en su proceso sistemático y natural de tomar decisiones para resolver sus problemas cotidianos simples y complejos.  Todo un reto para la psicopedagogía.

Dicho esto, Kohlberg concluye en sus investigaciones que el pensamiento moral pasa por tres niveles: preconvencional, convencional y posconvencional.  Cada uno de esos niveles tiene dos estadios de pensamiento evolutivo, que le permiten pasar de un nivel a otro.  Conocerlos es de suma importancia para la psicopedagogía.

El nivel preconvencional es el pensamiento moral heterónomo, basado en el castigo, según Kohlberg.  Es el pensamiento moral más primitivo en el ser humano.  Aprende a comportarse de determinada manera por temor al castigo de los padres o tutores.  Los bebés, evitan tener conductas, para que los padres no les castiguen.  Su pensamiento es muy egocéntrico.  Este es el primer estadio de pensamiento.  Cuando este tipo de pensamiento moral se instala en la persona y no evoluciona, puede perdurar hasta la adultez.  Por ejemplo: llegar temprano a casa para que los padres no se molesten o su pareja no se moleste.  Llevar la tarea como sea al profesor, para que no me ponga mala nota.  Ése es un tipo de pensamiento moral primitivo en el nivel preconvencional estadio 1.  Hay un estadio 2, que se basa en el pensamiento instrumental.  Es decir, el comportamiento se logra porque recibo una recompensa.  Igual es un pensamiento primitivo, pero más evolucionado que el estadio 1.  Ejemplo, el niño toma su sopa, para que sus padres le dejen ver su serie favorita de televisión o le compre un juguete.  En los adultos, este tipo de pensamiento se muestra de otras maneras más sutiles: voy a misa los domingos para conservar el honor de parecer buena persona.  Hablo con el profesor en los break para conseguir buenas notas en los exámenes.  Todos esos ejemplos son pensamientos morales primitivos del primer nivel preconvencional.  Mayormente este tipo de pensamiento lo tienen los delincuentes, en la adultez. 

El nivel convencional es el pensamiento moral en que se asume las normas sociales y las reglas concretas.  En este nivel el ser humano avanza en su pensamiento concreto hacia la moralidad, poniéndose de acuerdo en reglas de convivencia.  Normalmente los niños practican mucho en los juegos grupales.  Rompen el esquema egocéntrico del primer nivel.  Sin embargo, en el estadio 3 de este nivel, que es un proceso de transición hacia el convencional, el comportamiento moral se entiende de manera recíproca.  Ejemplo: todos estamos de acuerdo que no se puede tirar la bola fuera del área marcada para jugar.  Si alguno lo hace y no se le sanciona, es el origen de grandes peleas.  El esquema mental egocéntrico se despide de esta manera: “me porto bien y todos deben comportarse igual que yo”. Las herramientas psicopedagógicas tendrían que tomar en cuenta esta etapa del desarrollo del pensamiento moral, porque se encuentra entre el paso de la niñez a la adolescencia.  En el estadio 4, de este mismo nivel de pensamiento moral, se avanza ligeramente y se tiene la idea que las reglas están hechas para que todos las cumplan a rajatabla, sin excepción alguna.  Sin embargo, cuando se trata de no saltarse a una regla, tendría que estar muy justificado para que el sujeto acepte.  Por ejemplo: “alguien no puede caminar rápido porque tiene un impedimento físico para hacerlo”.  Se le tolera hasta cierto límite.  El pensamiento autoritario marca la dimensión moral del comportamiento en este nivel.  Según las investigaciones de Kohlberg, a este nivel llega la mayoría de los seres humanos adultos.  El pensamiento abstracto tiene serias dificultades con las acciones morales de los sujetos, respecto a las normas estrictas y autoritarias: “Cumplir las normas por cumplir”. 

Finalmente, el nivel posconvencional.  En este nivel están los estadios 5 y 6.  En el 5, las personas mantienen un esquema más amplio de su pensamiento moral.  Aceptan las excepciones a las normas, o reglas, con fundamento.  Si alguien llega tarde a una cita, tiene que fundamentarse y se comprende ampliamente.  Se crean normas particulares, porque se acepta ciertas diferencias.  El pensamiento abstracto, como ejercicio psicopedagógico es crucial para llegar a este nivel.  En el estadio 6 el sujeto puede pensar moralmente desde el pensamiento abstracto total.  Es decir, aquí la justicia, paz, amor, solidaridad y demás componentes se pueden fundamentar por encima de cualquier norma o ley.  Esto necesita, según las investigaciones de Kohlberg mucho entrenamiento psicopedagógico para lograrlo.  Porque si de las cuestiones abstractas como la justicia, se habla en nivel convencional, se someterá al cumplimiento de la norma estricta y autoritariamente.  Igual podemos decir del nivel preconvencional donde la justicia se entiende como correcto castigar a alguien por no cumplir ciertas normas, sin esperar justificación.  Se puede llegar a la adultez teniendo este tipo de razonamiento moral de la justicia, porque el pensamiento moral se fijó en esas etapas de desarrollo, sin la práctica constante del pensamiento abstracto, cuya base está en el pensamiento crítico, según Kohlberg (1992).

Educar es acompañar al adolescente en su viaje a la justicia


La mirada circular de Gilligan, convivencia y la biología del amor

Hay una discrepancia aguda en los estudios de Kohlberg que es necesario decirla.  Su ayudante, la psicóloga Carol Gilligan, notó que, durante los experimentos del desarrollo del pensamiento moral, las puntuaciones de varones dieron como resultados más altos que las mujeres en el nivel posconvencional.  Ella investigó en un grupo exclusivo de mujeres y se dio cuenta que el paradigma mental, respecto a la justicia, no era piramidal sino circular (Gilligan, 2016).  Que los dilemas morales relacionados con cuestiones puramente abstractas los resolvían de manera circular, porque las mujeres estaban entrenadas para ello.  La dimensión del cuidar, como ejercicio mental, lo tenían muy presente para resolver temas abstractos.  Cuestión que no se ve en el pensamiento del varón, que es más tubular, piramidal.  Pronto, las investigaciones de Kohlberg fueron corregidas y se experimentó desde esta dimensión circular, logrando una mejor percepción del esquema mental en la teoría del pensamiento moral.  Las investigaciones de Gilligan avanzaron con más experimentos de las neurociencias y se concluyó que la mirada circular no es exclusiva de mujeres sino de la humanidad, por una cuestión evolutiva (Gilligan, 2025; Maturana Romesín, 2008; Pinker, 2019; Camps, 2021).

Esta manera de evaluar el desarrollo del pensamiento moral, desde la psicología, tiene repercusiones profundas en la personalidad de cada ser humanos.  Por lo tanto, amerita mayor atención en la psicopedagogía.  De ahí que Maturana (Maturana Romesín, 2008; Maturana Romesín, Humberto – Pörksen, Bernhard, 2008), desarrollen la educación sistémica para muchas teorías de las ciencias sociales.  Sigue siendo un imperativo que: educar es convivir y, por lo tanto, un acceder a convivir en un espacio de aceptación recíproca en el que se transforman el emocionar y el actuar de los que conviven según las conversaciones que constituyan ese convivir (Maturana Romesín, 2008, pág. 75).  Algo que en la adolescencia es crucial para desarrollar el pensamiento moral hacia niveles posconvencional, porque se trata de lo que el mismo Maturana denomina la “biología del amor”, como elemento constitutivo de la biología de los seres en el planeta.

La adolescencia es el inicio de la biología del amor, donde cuidar es también aprender

Podríamos dar una mirada conclusiva a lo que hemos dicho hasta aquí: la adolescencia no es un problema, sino una oportunidad pedagógica y ética.  Es el momento de respetar la exploración, acompañar la contradicción y potenciar la creatividad.

La adolescencia no se teme, se acompaña.

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