Psicología y pobreza en el Perú; romper el círculo del desamparo.
En esta fiesta del 1° de mayo, día en que los seres humanos decidimos salir de la esclavitud laboral para construir un mundo más equitativo y libre, quiero reflexionar desde la psicología y la bioética. No puedo separar ambas dimensiones.
¿Cómo es posible
que la inmensa mayoría de pobres de mi país sostenga a una ínfima minoría de
ricos? ¿Qué explicaciones ofrece la
psicología para haber llegado a esta situación?
¿Qué nos dice la bioética ante esta constatación científica?
El desamparo aprendido
En Latinoamérica
trabajamos constantemente con un fenómeno llamado desamparo aprendido
Cuando una
persona ha sido despojada de toda posibilidad de escapar de golpes, humillaciones
o maltratos, pierde el control de su vida y se deja arrastrar por la agresión
hasta la destrucción. Para revertirlo,
los psicólogos fortalecemos el locus de control interno
No se trata de un
simple “pensar en positivo”, sino de potenciar las herramientas internas para
salir adelante. Los neuropsicólogos lo
llaman entrenamiento para salir del sistema dopaminérgico del dolor: prácticas
que inicialmente generan placer, pero que pueden volverse dañinas y adictivas,
como el consumo compulsivo o las drogas.
También trabajamos
el locus de control externo, que se relaciona con el reconocimiento y
las recompensas que recibimos de los demás: elogios de la familia, remuneración
por el trabajo, ascensos, respeto social.
El equilibrio entre ambos evita caer en el desamparo.
El aprendizaje de la pobreza
Un tema poco discutido es el aprendizaje de la pobreza.
Crecer con carencias marca profundamente la salud mental
Incluso quienes
lograr salir adelante con una profesión mantienen el miedo a caer nuevamente en
la pobreza. Ahorran compulsivamente,
limitan sus gastos y viven con temor. Al
tener hijos, intentan darles lo que ellos no tuvieron, pero con esfuerzo y
miedo, sin poder disfrutar plenamente de sus logros.
El cuadro
estadístico refleja este locus de control externo: en el Perú, más de la mitad
de la riqueza generada por la población termina en manos de una pequeña
élite. El resto se reparte entre
millones de personas empobrecidas.
Consecuencias sociales y éticas.
Treinta años de
este sistema económico han quebrado la estructura psicológica de los
peruanos. Se ha instalado la idea de
que, hagamos lo que hagamos, jamás saldremos adelante. De allí que prácticas como el robo, la extorsión
o el asesinato se vuelvan cotidianas. Incluso se racializa y se culpa a las
poblaciones andinas por la crisis socioeconómica.
Desde la
psicología, este panorama nos plantea el reto de construir una psicoterapia de
la esperanza
Ese es el gran
desafío de la psicología peruana, junto con las demás ciencias: equilibrar el
locus de control interno y externo, y devolver a la población la capacidad de vivir
con dignidad y esperanza.
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Kahneman,
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