Psicología y pobreza en el Perú; romper el círculo del desamparo.

 El inglés suele asustarnos en países como el nuestro.  Más aún cuando aparece en cuadros y estadísticas que, por prejuicios académicos y métodos pedagógicos equivocados, nos han inculcado miedo o sesgos cognitivos (Kahneman, 2019).  Sin embargo, los datos que se presentan en la imagen provienen de una publicación científica prestigiosa del Reino Unido.  Es un referente serio para medir problemas complejos de nuestra realidad: pobreza, cambio climático, desigualdad o salud.  Si introducimos este cuadro en una Inteligencia Artificial (IA) de uso cotidiano, lo entendemos sin dificultad.

En esta fiesta del 1° de mayo, día en que los seres humanos decidimos salir de la esclavitud laboral para construir un mundo más equitativo y libre, quiero reflexionar desde la psicología y la bioética.  No puedo separar ambas dimensiones.

¿Cómo es posible que la inmensa mayoría de pobres de mi país sostenga a una ínfima minoría de ricos?  ¿Qué explicaciones ofrece la psicología para haber llegado a esta situación?  ¿Qué nos dice la bioética ante esta constatación científica?

El desamparo aprendido

En Latinoamérica trabajamos constantemente con un fenómeno llamado desamparo aprendido (Seligman M. E., 2000).  Es un mecanismo psicológico que interiorizamos y que genera paradigmas mentales de conformismo y falta de reacción ante situaciones dañinas.

Cuando una persona ha sido despojada de toda posibilidad de escapar de golpes, humillaciones o maltratos, pierde el control de su vida y se deja arrastrar por la agresión hasta la destrucción.  Para revertirlo, los psicólogos fortalecemos el locus de control interno (Pinker, 2015): la capacidad de motivarse, pensar críticamente y decir su propia palabra para enfrentar la adversidad.

No se trata de un simple “pensar en positivo”, sino de potenciar las herramientas internas para salir adelante.  Los neuropsicólogos lo llaman entrenamiento para salir del sistema dopaminérgico del dolor: prácticas que inicialmente generan placer, pero que pueden volverse dañinas y adictivas, como el consumo compulsivo o las drogas.

También trabajamos el locus de control externo, que se relaciona con el reconocimiento y las recompensas que recibimos de los demás: elogios de la familia, remuneración por el trabajo, ascensos, respeto social.  El equilibrio entre ambos evita caer en el desamparo.

El aprendizaje de la pobreza

Un tema poco discutido es el aprendizaje de la pobreza.  Crecer con carencias marca profundamente la salud mental (Seligman M. E., 2011).  Los niños que ven a sus padres discutir por falta de dinero interiorizan que hay cosas que jamás podrán conseguir.  Usar ropa usada, no poder acceder a lo básico, genera un desequilibrio entre el locus interno y externo.

Incluso quienes lograr salir adelante con una profesión mantienen el miedo a caer nuevamente en la pobreza.  Ahorran compulsivamente, limitan sus gastos y viven con temor.  Al tener hijos, intentan darles lo que ellos no tuvieron, pero con esfuerzo y miedo, sin poder disfrutar plenamente de sus logros.

El cuadro estadístico refleja este locus de control externo: en el Perú, más de la mitad de la riqueza generada por la población termina en manos de una pequeña élite.  El resto se reparte entre millones de personas empobrecidas.

Consecuencias sociales y éticas.

Treinta años de este sistema económico han quebrado la estructura psicológica de los peruanos.  Se ha instalado la idea de que, hagamos lo que hagamos, jamás saldremos adelante.  De allí que prácticas como el robo, la extorsión o el asesinato se vuelvan cotidianas. Incluso se racializa y se culpa a las poblaciones andinas por la crisis socioeconómica.

Desde la psicología, este panorama nos plantea el reto de construir una psicoterapia de la esperanza (Seligman M. E., 2018).  Necesitamos cambiar nuestra manera de ver el mundo y nuestras relaciones, romper el paradigma individualista y apostar por esfuerzos colectivos y comunitarios.  Solo así podremos desmontar el ciclo que impone pobreza a la mayoría para que unos pocos disfruten de la riqueza.

Ese es el gran desafío de la psicología peruana, junto con las demás ciencias: equilibrar el locus de control interno y externo, y devolver a la población la capacidad de vivir con dignidad y esperanza.

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Kahneman, D. (2019). Pensar rápido, pensar despacio. Barcelona: DEBOLSILLO.

Pinker, S. (2015). Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicancias. Barcelona: Paidós.

Pinker, S. (2021). Racionalidad. Qué es, por qué escasea y cómo promoverla (Primera edición ed.). (P. H. Lazcano, Trad.) Barcelona: Paidós.

Seligman, M. E. (2000). Indefensión. Barcelona: Debate.

Seligman, M. E. (2011). La vida que florece. Barcelona: B.

Seligman, M. E. (2018). El circuito de la esperanza. El viaje de un psicólogo de la desesperanza al ptimismo. Barcelona: B.

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