De la rabia al diálogo: pedogogía de la infidelidad en la pareja

Pintura de Rodolfo López Ávila
La pregunta de Mary nos llevó a mirar hacia dentro de lo aprendido y vivido en las relaciones de pareja: ¿Qué hacen los psicólogos cuando una paciente llega conmovida a la consulta y nos dice que descubrió, en unos mensajes de WhatsApp revisados en el celular de su pareja mientras él se bañaba, palabras amorosas dirigidas a otra mujer, recordando la última noche juntos en un hotel?  Algo que jamás imaginó de él, y que sucede después de ocho años de convivencia. 

Algunos alumnos, en plena práctica, se sintieron desconcertados por la pregunta tan cotidiana en las relaciones humanas.  Toca una fibra que ha derramado mucha tinta en los libros de autoayuda, descartados para las discusión universitaria.  Me miraban cuestionando los estudios realizados en ética, psicosexualidad y psicoterapia de pareja, hasta que fueron levantando la mano para decir su palabra.  Ese el momento que más me apasiona de los estudiantes, con quienes comparto mi vida académica.

Sabemos que los celos, desde la psicología evolutiva, son constitutivos en nuestro cerebro.  En tiempos primitivos, el varón debía cuidar que la hembra no fuera arrebatada por otro hombre, temiendo criar un hijo que no fuese suyo.  En ellas, el temor era perder la protección y los recursos que él podía brindar (Buss, 2021).  Dos maneras de percibir los celos y la vigilancia constante.  Por eso, tanto él como ella estaban preparados para los golpes y para resolver el conflicto de pareja: él debía ser fuerte para enfrentar batallas cuerpo a cuerpo, ella debía estar lista para no ser engañada o abusada y conservar a su compañero.  Con el tiempo, las estrategias evolucionaron para controlar los celos, aunque esos objetivos permanecen grabados en la memoria neuronal.  Así lo sentenció Alfredo.

Inmediatamente se escuchó la voz de Elena, manifestando que era natural que la mujer engañada sintiera rabia, decepción y desesperación.  Tanto tiempo invertido en él… El tiempo, respecto a su capacidad de producir óvulos, le juega en contra desde el nacimiento hasta los 40 o 50 años.  Nace con millones de óvulos que va perdiendo en distintos momentos de su vida (Croks, Robert - Bauer, Karla, 2010).  El tiempo es un recurso primitivo que se agota, y con él la posibilidad de ser exitosa en la atracción de pareja.  Esa conciencia biológica alimenta la furia frente al varón cuando es engañada.  No sólo se trata del dinero, sino del tiempo y de sus mejores años entregados a un hombre que puede abandonarla (Buss, 2021).  Dejarlo y empezar de nuevo aparece como respuesta inmediata, aunque cargada de riesgos.

Liz añadió que los varones tienen mayor capacidad para separar el sexo de los sentimientos afectivos.  No solo por las constitución genital externa, sino por una red neuronal pélvica más simple (Wolf, 2013).  Desde pequeños, un roce bastaba para excitarse, y los padres podían interrumpir esa excitación.  Así, el cerebro aprende a separar sensaciones de afecto y placer.  En cambio, la mujer vive una psicología más interior: sus genitales son complejos, su red neuronal pélvica activa y desactiva múltiples zonas de placer, y la ternura se asocia al sexo desde el inicio de su existencia (Hite, 2001).  Por eso, para ella, el engaño es inseparable del amor.  Si él se acostó con otra, es porque la ama.  Para él, en cambio, puede ser solo una noche descontrolada de placer. 

Mateo analizó el razonamiento moral de la víctima: castigarlo.  Romper la relación.  Que él sienta el dolor que ella ha sentido.  El castigo punitivo es la reacción más primitiva de nuestra especie cuando los pactos sociales previos no existen (Kohlberg, 1992).  Antes se resolvía a golpes; hoy puede resolverse con un juicio.  Pero la humillación del engaño no se borra ni con golpes ni con separación judicial.  La biología marca condiciones, no destinos.  La mujer, ni el hombre están condenados a reaccionar con furia.  La clínica debe subrayar que la libertad humana, la cultura y la ética permiten trascender esos condicionamientos (Camps, 2021; Gabriel, 2021; Singer, 2021; Torralba I Roselló, 2006).  La pareja puede elegir caminos de diálogo, reconstruir o separarse, más allá de lo que dicten las memorias evolutivas.

En medio de la discusión, Estela sorprendió al recordar que la conducta de ella al revisar el celular fue un delito: la invasión a la privacidad, según la Constitución y el Código Penal del Perú.  La vida de pareja está plagada de estos delitos invisibles que dañan cualquier proceso legal de separación. Desde la psicología, lo más elevado sería llevar el conflicto al nivel posconvencional: conversar, dialogar, renacer el vínculo.  Ella pierde, él también.  Ambos ganarían con un diálogo sincero, sin efectos colaterales en el hijo.  La psicología clínica debe reconocer que la confianza quebrada no solo se expresa en el dolor afectivo, sino también en la vulneración de derechos fundamentales (Camps, 2011; Camps, 2019).  La paciente, al descubrir la infidelidad mediante un acto ilícito, se coloca en una posición frágil frente a cualquier proceso legal de separación.  El psicólogo no puede ignorar que la manera en que se obtiene la “prueba” del engaño puede tener consecuencias devastadoras en la vida de la paciente y de su hijo.

Nada se soluciona en una sesión psicológica, como tampoco nada se resuelve en una clase universitaria.  Es el recorrido de múltiples encuentros, de una carera que implica práctica cognitiva constante, donde las relaciones humanas se abordan desde diferentes perspectivas.  Porque la psicología es tan compleja como la biología que habita en cada cuerpo: reconoce las raíces biológicas y sociales del conflicto, pero abre la posibilidad de una respuesta ética y consciente.  La infidelidad no se resuelve en el castigo ni en la biología, sino en la capacidad de los sujetos de dialogar, asumir responsabilidades y decidir en libertad.  Lo que hemos dicho hasta aquí es totalmente cierto para parejas homosexuales, con algunos rasgos distintivos, que serán materia de otro análisis universitario.

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Buss, D. M. (2021). La evolución del deseo. Madrid: Alianza editorial.

Camps, V. (2011). El gobierno de las emociones. Barcelona: Herder.

Camps, V. (2019). La búsqueda de la felicidad. Madrid: Arpa Editores.

Camps, V. (2021). Tiempo de cuidados. Otra forma de estar en el mundo (primera edición ed.). (A. y. Alfil, Ed.) Barcelona: arpa.

Croks, Robert - Bauer, Karla. (2010). Nuestra sexualidad (12ava. ed.). (M. A. Estrada, Ed.) México D.F.: CENGAGE Learning.

Gabriel, M. (2021). Ética para tiempos oscuros. Valores universales del siglo XXI. Barcelona: Pasado & presente.

Hite, S. (2001). Informe Hite. Estudio sobre la sexualidad femenina. México D.F.: Paidós.

Kohlberg, L. (1992). Psicología del desarrollo moral. Bilbao: Desclée de Brower.

Singer, P. (2021). Ética práctica (segunda ed.). (A. U. Martín, Ed., & R. H. Bonet, Trad.) Madrid: AKAL.

Torralba I Roselló, F. (2006). Ética del Cuidar. Fundamentos, contextos y problemas. Madrid: Fundación Mapfre - Institut Borja de Bioética.

Wolf, N. (2013). Vagina. Barcelona: Kairós.

 

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