La pasión de Cristo: un diálogo entre la psicología social y la clínica.
Juana vino a consulta porque se sentía profundamente triste. Su madre había fallecido hacía más de ocho meses, y la ausencia seguía pesando en su vida cotidiana. Juana tiene dos hijos, con quienes llegó a la casa de su madre después de insistir varias veces para que la recibiera. La primera vez que pidió quedarse fue porque su esposo la había violentado. Sin embargo, su madre le respondió que debía volver con él, porque “así es la vida de pareja”. Fue recién en la tercera ocasión, cuando Juana llegó con claros signos de maltrato, que su madre aceptó que se quedara con sus hijos. ¿Era esa historia de rechazo y refugio lo que hoy la entristecía?
Pintura de Luizinho Timoteo
Leo la Pasión
de Cristo porque se celebra la Semana Santa. Recuerdo los estudios bíblicos y
los dos métodos que me ayudaron a ver la Biblia como textos de alto valor
literario: la exégesis y la hermenéutica. Sin exégesis, un texto carece de
sentido; sin hermenéutica, se descontextualiza
La casa de la madre de Juana era grande, aunque ella solo ocupaba un cuarto y la cocina. No quería salir ni asomarse a la calle. Ese espacio era su refugio, como lo fue también para Juana. Cuando finalmente la aceptó, Juana sintió alivio: por fin tenía un lugar seguro y el respaldo de su madre.
Los cuatro textos
literarios que narran la vida de Jesús son los Evangelios de Marcos, Mateo,
Lucas y Juan, en ese orden. Pero cuando se trata de la Pasión, el Evangelio de
Juan es el más citado (Jn. 19). Fue el último en escribirse, entre 90 y 100
años después de la muerte de Jesús. A diferencia de los otros, no relata su
nacimiento ni su infancia: se centra en la pasión, muerte y resurrección
Juana y su madre comenzaron un negocio juntas: comida rápida y venta de chicha. Por primera vez, la madre veía dinero ganado con su propio esfuerzo, y eso la llenaba de alegría. Ambas salían al mercado, compraban insumos, celebraban sus logros cantando y bebiendo chicha en la parte trasera de la casa. Era una experiencia de libertad que nunca habían vivido.
El Evangelio de
Juan muestra cómo el Imperio Romano dominaba al pueblo judío. Jesús, como
judío, debía obediencia al César
La vida de Juana estuvo marcada por la violencia desde la infancia: un padre alcohólico que golpeaba a su madre, abusos silenciados en la casa, pobreza y miedo. Al crecer, repitió la historia con su propio esposo. Por eso buscaba refugio en la casa materna, compartiendo con su madre la espera de la muerte. Pero al iniciar el negocio juntas, descubrieron que otra vida era posible. La muerte de su madre rompió esa experiencia de liberación: Juana quedó sin cómplice, sin alguien con quien celebrar la reivindicación. Ni siquiera sus hijos lograban motivarla. Al narrar su historia, Juana liberaba una carga emocional que solo otra mujer maltratada podía comprender. No era el duelo lo que necesitaba trabajar, sino la percepción de triunfo y empoderamiento.
El Evangelio de
Juan narra que, al morir Jesús, un soldado atravesó su costado y brotaron
sangre y agua. Para los lectores del siglo I, esa mezcla representaba el origen
de la vida según el tratado hipocrático: humores y sangre unidos daban el soplo
vital
Cuando agachamos
la cabeza ante los poderosos y no reconocemos nuestra fuerza para generar vida,
volvemos a ese texto de la Pasión
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Arens, E. (2002). Caminar con Jesús; reflexones
bíblicas. Lima: CEP.
Fehribach, A. (2001). Las mujeres en la vida del
Novio; un análisis histórico literario de los personajes femeninos en el cuarto
Evangelio. Bilbao: Desclée de Brower S.A.
Gutiérrez, G. (2002). ¿Dónde dormirán los pobres?
Lima: IBC-CEP.
Pagola, J. A. (2007). Jesús, aproximación
histórica. Madrid: PPC.
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