La pasión de Cristo: un diálogo entre la psicología social y la clínica.

Pintura de Luizinho Timoteo
Juana vino a consulta porque se sentía profundamente triste. Su madre había fallecido hacía más de ocho meses, y la ausencia seguía pesando en su vida cotidiana. Juana tiene dos hijos, con quienes llegó a la casa de su madre después de insistir varias veces para que la recibiera. La primera vez que pidió quedarse fue porque su esposo la había violentado. Sin embargo, su madre le respondió que debía volver con él, porque “así es la vida de pareja”. Fue recién en la tercera ocasión, cuando Juana llegó con claros signos de maltrato, que su madre aceptó que se quedara con sus hijos. ¿Era esa historia de rechazo y refugio lo que hoy la entristecía?

Leo la Pasión de Cristo porque se celebra la Semana Santa. Recuerdo los estudios bíblicos y los dos métodos que me ayudaron a ver la Biblia como textos de alto valor literario: la exégesis y la hermenéutica. Sin exégesis, un texto carece de sentido; sin hermenéutica, se descontextualiza (Arens, 2002).  Herramientas que también emplean las ciencias jurídicas para interpretar y aplicar las leyes. No puedo dejar de asociar la Pasión de Cristo con lo que vivieron Juana y su madre…

La casa de la madre de Juana era grande, aunque ella solo ocupaba un cuarto y la cocina. No quería salir ni asomarse a la calle. Ese espacio era su refugio, como lo fue también para Juana. Cuando finalmente la aceptó, Juana sintió alivio: por fin tenía un lugar seguro y el respaldo de su madre.

Los cuatro textos literarios que narran la vida de Jesús son los Evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan, en ese orden. Pero cuando se trata de la Pasión, el Evangelio de Juan es el más citado (Jn. 19). Fue el último en escribirse, entre 90 y 100 años después de la muerte de Jesús. A diferencia de los otros, no relata su nacimiento ni su infancia: se centra en la pasión, muerte y resurrección (Pagola, 2007). Es un texto marcado por la reflexión teológica de los primeros creyentes, cuando aún el cristianismo no era religión. ¿Cómo entendieron ellos la Pasión?

Juana y su madre comenzaron un negocio juntas: comida rápida y venta de chicha. Por primera vez, la madre veía dinero ganado con su propio esfuerzo, y eso la llenaba de alegría. Ambas salían al mercado, compraban insumos, celebraban sus logros cantando y bebiendo chicha en la parte trasera de la casa. Era una experiencia de libertad que nunca habían vivido.

El Evangelio de Juan muestra cómo el Imperio Romano dominaba al pueblo judío. Jesús, como judío, debía obediencia al César (Pagola, 2007). Sin embargo, fueron los mismos judíos quienes lo entregaron a las autoridades romanas. Los romanos, al no encontrar culpa en él, buscaron una estrategia política para justificar su condena. Lo presentaron como “rey”, coronado de espinas y vestido con túnica, como Salomón (Cantar de los Cantares 3:11), humillando así al pueblo judío que, forzado, tuvo que declarar: “No tenemos más rey que el César”. La humillación no fue de Jesús, sino del pueblo que reconoció a sus opresores como amos. Los lectores del siglo I se emocionaron con este texto, porque no vieron la amargura de un hombre golpeado sino el proceso de una boda, cruenta, pero finalmente una boda triunfal (Fehribach, 2001). ¡Qué!

La vida de Juana estuvo marcada por la violencia desde la infancia: un padre alcohólico que golpeaba a su madre, abusos silenciados en la casa, pobreza y miedo. Al crecer, repitió la historia con su propio esposo. Por eso buscaba refugio en la casa materna, compartiendo con su madre la espera de la muerte. Pero al iniciar el negocio juntas, descubrieron que otra vida era posible. La muerte de su madre rompió esa experiencia de liberación: Juana quedó sin cómplice, sin alguien con quien celebrar la reivindicación. Ni siquiera sus hijos lograban motivarla. Al narrar su historia, Juana liberaba una carga emocional que solo otra mujer maltratada podía comprender. No era el duelo lo que necesitaba trabajar, sino la percepción de triunfo y empoderamiento.

El Evangelio de Juan narra que, al morir Jesús, un soldado atravesó su costado y brotaron sangre y agua. Para los lectores del siglo I, esa mezcla representaba el origen de la vida según el tratado hipocrático: humores y sangre unidos daban el soplo vital (Fehribach, 2001). Así entendieron la crucifixión como una boda de Jesús con la humanidad, consumada en la entrega de la vida. La humillación fue del pueblo, no de Jesús. Él permaneció libre, incluso en el sacrificio.

Cuando agachamos la cabeza ante los poderosos y no reconocemos nuestra fuerza para generar vida, volvemos a ese texto de la Pasión (Gutiérrez, 2002). Si Juana no hubiera compartido la humillación con su madre, jamás habría experimentado la liberación. Si el Perú sigue inclinándose, de manera humillante, ante los poderosos, que ocupan los dos primeros lugares en las encuestas en estas elecciones del 2026, no podrá ver la resurrección como triunfo. La psicología nos recuerda que el texto de la Pasión de Cristo, narrado en el evangelio de Juan, es también un paradigma de liberación ante los conflictos de nuestras relaciones humanas y en la sociedad misma que nos ha tocado vivir.

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Arens, E. (2002). Caminar con Jesús; reflexones bíblicas. Lima: CEP.

Fehribach, A. (2001). Las mujeres en la vida del Novio; un análisis histórico literario de los personajes femeninos en el cuarto Evangelio. Bilbao: Desclée de Brower S.A.

Gutiérrez, G. (2002). ¿Dónde dormirán los pobres? Lima: IBC-CEP.

Pagola, J. A. (2007). Jesús, aproximación histórica. Madrid: PPC.

 

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